| Fundación Ciudad de Sigüenza. Agosto 2007 |
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AÑO 1997. SIGÜENZA EN FIESTAS. 16 de agosto, día de San Roque, la Peña de los Pepinillos está en los toros. La placita, espera la noche para celebrar, con sus charangas, el día grande. Únicamente la Hoguera de San Vicente y las noches de los Pepinillos, lograban llenar la decadente plaza de música y de alboroto.
De testigo, la Casa del Doncel. Este era su aspecto.
Durante muchos años, la Casa mantenía un diálogo de sordos con la ciudad, languideciendo lentamente. Pedía auxilio, y voces, como las de Gila, en aquel: “Alguien ha matado a alguien”, reclamaban que: “Alguien tiene que hacer algo por la Casa”. Era un diálogo paralelo, sin enfrentarse a la grave situación que sufría, una de las casas más importantes de la Sigüenza medieval. Hoy, evidentemente lo sabemos, al no haberse llevado a cabo, los llamados “proyectos de rehabilitación de vaciados y semi vaciados, tan de moda en los manuales básicos de los técnicos preparados para cascos históricos, en los que no interesan las leyes especiales de protección, ya que con ellas, no se especula tanto”. La Peña de los Pepinillos, no sabía que este año sería el último en celebrar allí sus verbenas, porque alguien estaba empezando a buscar la llave para encontrar una solución. En esta tarde calurosa de agosto, después de un marmitako, en la Peña del Tropezón, sentados enfrente de la Casa, esperamos a D. Gerardo que tenía la llave. A partir de este momento, empezó un diálogo, de tú a tú con la Casa. La casa vacía y abandonada, dañada por el tornado, había sido el taller de cantería, donde los últimos canteros seguntinos, los hermanos Nacar, trabajaron las piedras para sacar adelante el sueño de D. Gerardo, “La recuperación de la iglesia de San Vicente”. (Recuerdo, en estos momentos, a mi amigo Antonio, vital, orgulloso de su profesión en vías de extinción, y del último par de zapatos castellanos, color vino, que le traje de Madrid, y que no pudo estrenar, porque se fue de repente, descalzo, callado y sin risas. Duele recordar, pero esta es otra historia). D. Gerardo llegó con la llave, a enseñarnos la casa. Desde hacía cuatro años, esta operación se repetía una y otra vez, muchos entraban y ninguno volvía. D. Gerardo, rezaba para que apareciera alguien que asumiera la casa, pues estaba convencido, que allí donde nadie veía nada, existía el palacio medieval. Cuestión de fe y constancia en la oración. Apareció ese alguien y la Casa era un Palacio. Si esta era su imagen exterior, el interior, era un viaje en el tiempo, a la más absoluta decadencia y abandono. Creo que todos recordamos, los gatos que andaban siempre por la placita. Algunos vecinos les echaban comida por una gatera que había en la puerta. Los gatos eran los dueños, amos y señores de la Casa del Doncel.
Las visitas continuaron durante el resto del verano, el otoño y el invierno, cuando la casa era todavía más obscura y más fría. Todos los que visitaban la casa, y que animábamos a buscar un proyecto, en común, de recuperación, venían movidos por la curiosidad, y esta curiosidad de entrada, se transformaba en “salir corriendo” y no volver hablar del tema, palmaditas en la espalda y “ánimo seguir adelante”. Yo entendía perfectamente esta postura, pues también era la mía.
Esta era la situación, nadie, quiso iniciar el más mínimo movimiento para buscar una solución, a este “edificio emblemático”, que era más importante en su imagen de las postales y folletos turísticos, que en su realidad inmediata. Como D. Gerardo, en su proyecto inicial para recuperar la iglesia de San Vicente, para esta casa, también surgió una persona, que no salió corriendo y que luchó en solitario, sin desánimo, para buscar esa solución. A partir de este otoño y durante un año largo, en mis sueños la casa se presentaba y se repetía, como una pesadilla. También, como mujer de fe, rogué que apareciera alguien que nos ayudara a llevar la carga. ¡Y claro que apareció, y con la mejor solución!. Manuel Gala Muñoz, Rector de la Universidad de Alcalá, hacedor de sueños y transformador de ciudades y hoy, lo que es más importante, nuestro amigo. Consiguió hacer realidad el nuestro, y a mi personalmente me devolvió “el sueño”. Volví a dormir tranquila. Durante cuatro años, hasta la inauguración en octubre de 2002, trabajamos, (por amor al arte, difícil de entender en estos momentos, según está el mercado), y el proyecto de la Casa se extendió como una mancha de aceite, de buen hacer, casi dos manzanas de la Sigüenza medieval, se volvieron universitarias.
A través de la Fundación Ciudad de Sigüenza, apostamos por un proyecto de futuro para Sigüenza y los seguntinos, con muchas dificultades, muchas alegrías, y muchas historias, que están todas a bien recaudo archivadas y a disposición de quién lo pida. Por mucho que se empeñen, en presentar la recuperación de la Casa del Doncel, como su escultura, de autor anónimo, con vista a no sé que tipo de objetivos, la obra está firmada y la firma registrada.
La Universidad de Alcalá, propietaria de la Casa, mantiene un diálogo abierto, a través de un Convenio de colaboración, con el Ayuntamiento, y es necesario un esfuerzo mayor, para hacer realidad ese compromiso que inició a finales de diciembre de 1998. En nuestro ánimo, siempre estará el deseo que este proyecto avance y sea referencia, tanto en la recuperación de patrimonio, como en la actividad cultural.
No fue mala idea, descansar a la sombra, en esa tarde calurosa de agosto, mientras todos estaban en los toros, e iniciar un sueño, que hoy, diez años más tarde, es una realidad evidente, para todos.
Agosto 2007. Gloria de las Heras Atance. Vicepresidenta Fundación Ciudad Sigüenza
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