El reencuentro de los elegidos Imprimir E-mail
PRENSA - Comunicados de Prensa
Escrito por Fermín Caballero   

Siete días después del 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, decidí estrenar unas piezas nuevas que había incorporado a mi bicicleta. Nada mejor que un paseo hasta Atienza para poner a prueba las cubiertas y la cinta del manillar. El sillín con el que he peregrinado a Santiago de Compostela y que recuperé de la bici peregrina, fue buen amortiguador en la maltratada carretera de Sigüenza hasta su llegada a Imón. A partir de aquí se asientan mejor las ideas.

Ya de vuelta en Sigüenza, con intención de una refrescante ducha, llego a la puerta de casa, donde mis padres me esperan junto a una persona, desconocida, que conversa amigablemente con ellos. Casi 30 años después se produce un reencuentro de esos que suceden de tarde en tarde y se dan bajo determinadas condiciones para los que aun siguen con vida, que no con memoria. El encuentro con un amigo olvidado del que ya nunca más supe. Un ciudadano francés y su familia volvían a España, volvían a Sigüenza, Michel y yo regresábamos a la infancia.

Todo se remonta a un tiempo en que España había estrenado sistema político, Constitución y por tanto Ayuntamiento democráticamente elegido por el pueblo. Su primer alcalde elegido en 1979, por entonces don Juan Antonio Martínez Gómez-Gordo, Cronista Oficial de la Ciudad del Doncel hasta 2010, nombrado hijo adoptivo de Sigüenza en 2002 por su labor encomiable, entre otras, de historiador, escritor, investigador incansable sobre Sigüenza, pintor y médico, apostó por una iniciativa cultural relacionada con Santa Librada. Un intercambio de culturas.

Un intercambio cultural que formó parte del programa del hermanamiento entre las ciudades de Ste. Livrade Sur Lot (Francia) y Sigüenza. La familia de Michel y mi familia, fueron testigos, allá por los años ochenta, del intercambio de sus hijos; Michel y yo, pasamos un mes juntos, conviviendo y compartiendo cada momento, como hermanos, nuestros juguetes, nuestros amigos, nuestras costumbres. 15 días primero en Sigüenza y 15 días después en Ste. Livrade. Después la nada, no volvieron nuestras familias a contactar, los móviles e internet aún tardaron en llegar. Nada se mantuvo salvo el hermanamiento de las ciudades que firmaron en su día sus respectivos alcaldes.

Michel después de 30 años regresó con su esposa y sus tres hijos, cargado de recuerdos, de ilusión y de esperanza por encontrarme, por reencontrar a mis padres, mi casa, mi ciudad adoptiva. Y me encontró. Nuestras familias se reencontraron. Cuando le vi junto a mis padres pensé en un turista pidiendo orientación, no le reconocí y fueron los momentos vividos los que nos volvieron a unir.

Recordé, con esfuerzo y con su colaboración, a su familia, su ciudad, el gran jardín de su casa, sus juguetes, aquella montaña llena de luciérnagas, aquel día de pesca en el rio Lot, en definitiva quedamos prendidos de unos recuerdos que dormían hasta hoy. Recordamos también que antes de partir para Francia, visitamos con sus padres, el Monasterio de Piedra en la provincia de Zaragoza, Madrid y su Zoo, la plaza de toros de Las Ventas, en general, sus zonas más singulares y sus edificios más emblemáticos.

Casi treinta años después, en 2010, en Sigüenza, nuestros hijos escucharon, en mitad francés y mitad español, los relatos de aquellas excursiones, y de aquellos días ya pasados, se lo explicábamos mientras visitábamos Sigüenza de nuevo. El Castillo, La Catedral, la Casa del Doncel, magníficamente rescatada por la Fundación Ciudad de Sigüenza, la frondosa Alameda  y todo lo que en una jornada de sorpresas pudimos acumular. Visita que ha marcado un antes y un después, visita que tengo que devolver y para lo que hemos de procurar no dejar pasar tantos años.

 

homenaje

 

Seis días después de mi reencuentro con Michel se resumieron esos treinta años en un bonito homenaje, a todos los alcaldes y concejales que desde 1979 han ido formando hasta hoy las diferentes corporaciones municipales, entre ellos mi padre, Melquíades Caballero, concejal y 2º Tte. de Alcalde entre 1983 y 1987, al que acompañé al acto organizado por el Excmo. Ayto. de Sigüenza. Allí también estuvo don Juan Antonio, mi puericultor y amigo, al que agradecí aquella oportunidad, aquella semilla que hoy ha dado su fruto en forma de reencontrada amistad, y al que conté mi reencuentro con Michel, bajo el mosaico de azulejos que lo recuerda en la pared del patio del Ayuntamiento, gracias al hermanamiento que él y su corporación propiciaron.

Y como dijo recientemente, ante miles de jóvenes, Monseñor Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela “…hay cuatro cosas que no podemos recuperar nunca más: una piedra después de haberla tirado, una palabra después de haberla dicho, una ocasión después de haberla perdido, y el tiempo cuando ya ha pasado…”, valga también este mensaje de recuerdo para los ausentes en el acto, así como para los que trabajan por Sigüenza, desde la sombra de sus calles y monumentos, o desde la actividad y la vigilia permanente y persistente, para que su memoria, como la de Michel, nos despierte esa visión de Sigüenza para mantenerla siempre viva.

 

 Fermín Caballero Bojart.

El Afilador. Septiembre 2010.